sábado, diciembre 24, 2005

NAVIDADES BLANCAS

Propuesta de Ordenanza Municipal:
Prohibición de colocar muñecos rojos colgados en los balcones de las viviendas (me ponen de los nervios y se han multiplicado sin control...) Incitan al robo por su actitud y postura escaladora y desafiante.
Este año, y por si no os habéis dado cuenta, el Muy Ilustre nos "ha regalado" los oídos olvidando enchufar la megafonía con la horrible sonaja de villancicos enlatados y rancios que, además de la mala calidad de sonido, se repetían una y otra vez. Gracias.
Lo mejor, la estampa de los árboles cubiertos de una capa blanca y helada... Lo peor, el consumismo salvaje y desmedido del que somos víctimas en estas fechas. ¿Somos lo que compramos? ¿ O acaso somos lo que regalamos? ¿Se mide el afecto por el valor en euros de lo que obsequiamos?
No voy a enviar postales electrónicas navideñas; tampoco una postal tradicional; no voy a llamar por teléfono para felicitar las Pascuas; no voy a adjuntar luz y sonido a este comentario; tampoco una imagen bonita y entrañable propia de estas fechas... sólo deciros a todos que, empalagado y embriagado por este espíritu mal llamado "navideño" y que me afecta hasta a mí, agradezco a la providencia haberos conocido y espero mantenerme a vuestro lado, físicamente o en el corazón, por mucho tiempo. Vosotros sois los que habéis hecho de mí lo que hoy soy, y por eso, estaré por y para lo que sea junto a las personas que, día a día, año tras año, me hacéis crecer como persona e intentar ser cada día un poco mejor que el anterior.
Gracias a todos. Os quiere,
NARCISE

jueves, diciembre 15, 2005

EJEA DE LAS MISERIAS

Todos los días soy testigo de estampas costumbristas y cotidianas, más propias de una gran ciudad que de una orgullosa Villa capital de la rica Comarca de las Cinco Villas.

Por la mañana, puedo coincidir con una entrañable señora que vive en una pequeña casa del casco histórico, encajonada entre dos de los bares más ruidosos y molestos de los fines de semana y fiestas de guardar. Mucho me temo que, por su apariencia y sus atuendos, la señora vive con dificultades económicas serias. Un vistazo a su balcón me devuelve a la retina un montón de cartones, maderas y trapos que cubren la mitad de su volumen, hecho que hace que imagine el interior de su humilde morada. La verdad es que la señora es una firme candidata a padecer el síndrome de Diógenes, ese extraño comportamiento compulsivo que impide al que lo sufre desechar sus desperdicios y le hace disfrutar de su habitat entre dichos materiales. No mira a quien pasa jamás, no saluda a sus vecinos, vive en su abstracción, se queda cerrando su puerta y con su carrito de la compra absolutamente desvencijado y sucio emprenderá su camino a algún sitio, cuando yo la sobrepaso y la pierdo de vista hasta la próxima.

Por la tarde-noche, de vuelta a casa, dos gitanas con dos niñas y sendos carros de compra se encuentran rebuscando en los contenedores verdes frente a un famoso supermercado, encontrando el botín que para el resto es basura y que alegrará su vida y la de su familia esa noche y el resto del día siguiente. Sin pudor y sin vergüenza son observadas por los que pasamos a su lado, ajenas a las miradas que puedan turbar su frenética actividad, para seguir después hacia la siguiente parada: el próximo contenedor verde en su ruta a la caza del botín.

Benditos sean esos carros de compra que confieren a sus poseedores ese halo de dignidad que nadie parece alcanzar en este mundo despersonalizado y sin principios.

jueves, diciembre 01, 2005

EL LADO OSCURO DE LA CARA AMABLE

Ejea siempre se ha caracterizado por su cara amable, su don de gentes, su apertura de miras y su progresismo llevado hasta las últimas consecuencias. Pero, ¿hasta qué punto es necesaria la adopción de ciertas actitudes cuando realmente subyace otra cara muy distinta? Es esta una tierra dura, fría y desolada por el cierzo que la azota cíclicamente y ésta es quizás la razón que explica el tufillo de mezcla de hipocresía y neurosis colectivas que lo inundan todo. Es posible que también sea ésa la razón que motive que suframos el día a día con una realidad aborrecible y rocambolesca.

Y ello lo menciono porque en el suceder de los días se suceden situaciones que, sin dejar de ser completamente cotidianas, no dejan de sorprender por el nivel de ridículo y esperpento que pueden llegar a alcanzar.

Los políticos se centran en corromper el poder un poco más cada día; los pudientes se preocupan de su apariencia para diferenciarse de los que tienen menos posibilidades; nuestros superiores se aferran a la idea de ejercer como tales ridiculizándonos y recordándonos quién tiene la sartén por el mango; los vecinos aparentar con su orgullo mal definido una ignorancia subyacente que no deja de revelar sus deficiencias más básicas; pero la sonrisa y la “educación”, que lo reinan todo, no dejan de aparecer una y otra vez, mostrándose en su esplendor y magnificencia, a la vez que no ocultan la innecesariedad del gesto, por la falsedad que éste esconde.

¿Acaso el ejercicio de la cultura de lo llamado “políticamente correcto” merece tanto la pena cuando se ocultan verdaderos sentimientos negativos de todo tipo? ¿Hasta qué punto podríamos plantear una sociedad transparente en la que la actuación diaria de diferentes papeles en función de la persona que tenemos enfrente en cada momento no fuese necesaria? ¿No es posible acaso convivir en un habitat donde las dagas que sobrevuelan a diario nuestras espaldas y se convierten en muecas de oreja a oreja en nuestras caras no sean necesarias por el artificio que conllevan?

Por otro lado, el hecho de ser la cara amable del entorno, y no por actuación, sino por actitud, provoca la sorna y la sonrisa maliciosa del que por ello se cree más fuerte y con más tablas, hecho éste que le ayudará a ridiculizarte ante los demás, que disfrutarán con ello y te obligarán a seguir siendo el bobo de la función… El calzonazos, la sumisa, el maricón, la abuela, el parado y el freakie, son ejemplos en los que acumular vergüenza, malestar, sentimiento de ridículo e impotencia, en definitiva, sentimientos negativos que como todo que se llena y no se vacía , llega el momento en el que cuando explota en un arranque de violencia, que no es más que un intento desesperado de dar un ultimo coletazo de dignidad, ponemos el grito de horror en el cielo por la maldad y ruindad del ser humano. ¿Somos conscientes del martirio al que estamos sometidos los que sufrimos día a día semejante situación? ¿No son comprensibles algunos arranques de rabia que enajenando la mente del sufrido martirizado eterno han surgido…?

Los políticamente correctos concluirán con un movimiento de cabeza condescendiente que la v iolencia en ningún caso puede justificarse…