"QUISIERA QUE ALGUIEN ME ESPERARA EN ALGÚN LUGAR"
Esta bonita frase es el título de un libro del que desconozco absolutamente todo excepto eso, el título…
Y la verdad es que invita a la reflexión y al recogimiento… bajo el tibio edredón de plumas la imaginación y la desesperación conjuntamente se cogen de las manos y emprenden vuelo hacia aquel lugar donde quisiera que alguien me esperase… pero las preguntas comienzan a acosarme y amenazan con quedarse: ¿cuál es el lugar? ¿quién es ese alguien? La forma en que está formulada la frase desprende deseo o anhelo, pero no parece que se deduzca posibilidad de realización…
Son preguntas obvias que se derivan de la frasecita en cuestión, pero que son imprescindibles si se quiere llegar a alguna conclusión que alivie la angustia que comienza a asfixiarme. ¿Somos conscientes de que precisamente es la búsqueda de ese lugar y de esa persona la que nos mueve en este mundo despersonalizado y sin esperanza? ¿Es quizás la razón que nos impulsa a seguir adelante y que impide que cada día tiremos la toalla en esta lucha sin cuartel por la espera de algo que nunca acaba de llegar? ¿Merece la pena la lucha, la espera, la indignación, la desesperanza y la desesperación, la tristeza de nuestra existencia y la eterna búsqueda del otro que puede que nunca lleguemos a conocer? ¿Es el lugar donde nos encontramos el lugar donde nos espera ese alguien que deseamos? ¿Puede ocurrir que hayamos incurrido en un grave error al considerar que la persona que nos acompaña en el viaje de la vida realmente no es la que debería ser según nuestros sueños? ¿El lugar que nos acoge acaso no es sino el lugar que no nos queda otro remedio que soportar?
¿Debemos conformarnos con la realidad que NO elegimos?
Personalmente estoy harto de las frases hechas como “cada uno tiene lo que ha elegido” o “cada cual es dueño de su destino”… que alguien me explique lo que yo he elegido, porque no es lo que he querido, es lo que me ha venido dado por defecto sin posibilidad de elección.
Creo que ya va siendo hora de despertar de este bochorno que nos amodorra y acomoda en la realidad inmunda que nos rodea, que nos hunde en la apatía y nos consume el espíritu hasta anularlo y convertirnos en lo que nos hemos convertido; debemos decidir lo que hacemos con nuestra existencia, sin permitir que los seres que nos circundan nos seduzcan con materias estúpidas que nos ceguen el pensamiento…
Creo que un buen comienzo podría ser cambiar el planteamiento inicial y decir:
“SÉ QUE ALGUIEN ME ESPERA EN ALGÚN LUGAR…” (y añadir: y no pararé hasta encontrarlos, a ese lugar y a ese alguien…).
