PEQUEÑAS GRANDES PILDORAS DE CALMA...
¿Realmente sabemos apreciar las pequeñas cosas de la vida? ¿Somos conscientes de que todas las cosas que hacemos por hobby o por ocio o por pasar el rato lo hacemos precisamente para escapar de nuestra realidad? ¿Y por qué lo que en un principio anhelamos hacer porque lo disfrutamos cuando se convierte en rutina deja de tener el encanto de antaño y se convierte en algo tedioso para embargarnos seguidamente de nuevo el hastío y la desgana? ¿Por qué seguimos comportándonos como niños cuando reciben un nuevo juguete, que a las pocas horas ya se han cansado de él, pero anhelan otro, que no será ni mejor ni peor? ¿Qué fuerza nos mueve para seguir comportándonos así? ¿Por qué no disfrutamos de las pequeñas grandes cosas del día a día?
El tacto tibio de tu edredón al despertar en tu cama... el olor a café recién hecho... el pelo limpio... la tostada caliente que cruje... acariciar el lomo de tu mascota... respirar el olor a estufa de leña por las calles en las mañanas de invierno... la lectura del periódico, cuanto más temprano mejor... saludar a tu vecina de siempre, que ya vuelve de comprar su pan de cada día, hoy ya una anciana, con un optimista “buenos días” y una sonrisa dibujada en la boca... la magnífica visión de la Torre de Santa María... En definitiva, comprobar que un día cualquiera puede ser un día maravilloso.... si no fuese porque te topas de repente con la realidad de tu trabajo que hace de tu dulce despertar matutino un sueño ya irreal, por lo ideal que fue,más que nada... No obstante ello, es mucho más agradable comprobar que tras el reparador sueño, sigue ahí el edredón, el café, tu mascota, Santa María... sueño reparador que en ocasiones debe ser ayudado por pequeñas grandes píldoras ingeridas, píldoras que se convierten en condición sine qua non para poder enfundarnos el pijama y afrontar los fantasmas diarios que suelen aflorar por las noches... (¿Cuál es nuestro problema? ¿Por qué cada vez somos más y más dependientes de artificios externos para poder seguir conciliando nuestros sueños? ¿Por qué nos engancha cada vez más nuestra realidad más negativa, la que impide que nuestro sistema no se reequilibre con el siempre reparador sueño?)
Me temo que Ejea se ha convertido en un monstruo despiadado, habitado por personajes extraños, moradores de bancos, despachos, inmobiliarias y supermercados de grandes cadenas... Reivindico desde aquí el olor del pan recién hecho, las chimeneas humeantes, la humedad de las fachadas de las casas de piedra, el Mercadillo-Rastro en la Plaza de España los viernes, el comercio tradicional en Ramón y Cajal y Mediavilla, los corrillos de gente sentada en plena calle a tomar el fresco en las noches de verano, los niños jugar en la calle después del colegio con bocadillos de elementos imposibles entre sí como la nocilla con chorizo... Lo pido por la salud, el bienestar y el sistema nervioso de todos los que vivimos-sufrimos aquí. Hace 30 años, de puertas para adentro en el casco se vivía de cine, saboreando hasta el más mínimo detalle del día a día...El casco viejo de Ejea merece todo el respeto y el cuidado... el abandono al que se le ha sometido por nuestros gobernantes y por los ejeanos desde hace más de doce años es un insulto a nuestros abuelos, padres y, por qué no, a nosotros mismos y a los que nos sigan... por qué no podemos seguir disfrutando de lo que antaño fue Ejea? ¿Qué ha hecho el casco viejo para merecer tal olvido e indiferencia? ¿el boom inmobiliario?, ¿el reinado del cemento y el ladrillo?, ¿los más chic han migrado a los ensanches a en-glamour-ar con su buen hacer sus nuevos y flamantes vecindarios y ya no existe otro Ejea posible? Qué estúpidos somos... nos vendemos en cuanto podemos... aunque sea a costa de dejar sin alma una parte de nuestra orgullosa Ejea...
